Valor de marca: nadie se enamora de una ficha técnica

Valor de marca: Nadie se enamora de una ficha técnica

cliente, Compromiso, experiencia de cliente, historias, marca, precio y valor, reputación, storytelling, ventas

Hay una cosa que hago casi sin darme cuenta cuando entro en un hotel: mirar. No solo la habitación, el desayuno o si todo está en su sitio. Me fijo en cómo me reciben, en los jardines si los hay, en cómo han cuidado el paisaje. Si el edificio es emblemático, cómo está conservado. En definitiva, si hay una narrativa, una historia y forma parte de la experiencia. Porque nadie se enamora de una ficha técnica pero sí de lo que una marca y del valor que representa. 

Me interesa lo que no es evidente, aquello que cuesta un poco más ver, porque ahí suele estar lo verdaderamente importante. Aunque no sepamos qué es exactamente lo aquello que nos embriaga, lo notamos porque nos emociona y no nos deja indiferentes. La vida se refleja en los pequeños detalles.

Hace unos días, en la clausura de una jornada vitivinícola  escuché una frase que me gustó:

“Hay que hablar más de emociones que de fermentaciones. Las personas recuerdan cómo les haces sentir mucho más que los detalles técnicos.”

Pensé que en realidad sirve para casi todo. Podemos explicar durante horas cómo se ha elaborado un vino, qué variedad tiene, cuánto tiempo ha permanecido en barrica o cuál es su procedencia. Podemos enumerar uno a uno sus bondades y argumentos de venta. Sin embargo, hay algo que no aparece en una ficha técnica: lo que sentimos. Es , en el fondo, el valor de la marca. 

Valor de marca: la diferencia entre precio y valor

El valor es complejo, pausado y caprichoso, conlleva el paso del tiempo, la confianza, las experiencias… El valor de la marca es la manera que una marca te ha tratado y lo que representa para cada uno de nosotros. El precio es una cifra, un dato, el coste de producción más el margen de beneficio, un parámetro sin más y sin  romanticismo.

Quizá por eso son tan importante las historias. Porque cuando conocemos los detalles, conocemos su vida y sus milagros. Un vino puede ser una commodity o puede una familia que lleva generaciones trabajando esa tierra. Entonces, su sudor, lágrimas, sus éxitos y sus fracasos, son también los tuyos. 

Y lo mismo un hotel, puede ser un lugar donde dormir, o una casa singular, con historia e identidad propia.

Un producto puede tener muchas características, pero lo que realmente construye el valor de una marca es todo lo que hay detrás de él: su historia, sus decisiones, sus valores y su manera de hacer las cosas. Eso es algo que las marcas deberían entender mejor.

No se trata de inventarse una historia bonita para vender más. Es justo lo contrario: se trata de tener algo que contar. Saber por qué haces lo que haces, qué has aprendido por el camino, qué quieres conservar, qué no harás nunca, qué te importa, qué te hace diferente y qué quieres que las personas sientan o piensen cuando se relacionan con tu marca.

Marca es cómo te sientes cuando la llevas

Una historia puede llevarte hasta una marca, pero es la experiencia con ella la que decide si te quedas.

Las personas olvidarán los datos que les diste, lo que dijiste del producto al comprarlo, pero siempre recordarán cómo se sintieron al hacerlo. Una marca te puede decir que es cercana, pero será la persona que te atiende quien te demostrará si lo es. Puede decir que cuida a sus clientes, pero lo sabrás el día que tengas un problema y veas cómo responde. Te puede hablar de excelencia, pero serán cien pequeños detalles los que la reafirman en silencio. Tu cliente es una persona. 

Por ello, la atención hacia el cliente debe actualizarse y renovarse. La empatía, la capacidad de ponerse en el lugar del otro, es un proceso complejo a nivel emocional e intelectual y sus efectos positivos en relación con el cliente, están ampliamente demostrados.

El éxito es que otros hablen de ti

La reputación es el corazón del valor de la marca, y se construye despacio, paso a paso. En una conversación. En una bienvenida. En una respuesta. En un detalle tan presente como innecesario, pero que ahí está. En esa manera de hacer las cosas que una empresa ha ido construyendo durante años y que, precisamente por ser tan natural, quizá ni siquiera sabe explicar. 

Cuando funciona, el precio deja de ser el  protagonista, si algún día lo fue. Cuando una marca está bien articulada no necesita contarlo ella misma. Lo cuentan sus clientes. Lo cuentan las personas que trabajan allí. Lo cuentan quienes han vivido una experiencia y quieren compartirla.

Las pequeñas acciones repetidas tienen más poder que los grandes esfuerzos aislados. Por eso, la credibilidad de una empresa la construyen las personas que trabajan en ella. Las historias no solo las contamos hacia fuera, también las escribimos hacia dentro, cada día, en nuestras empresas:

  • En cómo recibes a un cliente.
  • En cómo hablas de tu trabajo.
  • En cómo respondes cuando algo sale mal.
  • En cómo tratas a las personas que te rodean.

No se pueden evitar los contratiempos, conflictos o las malas noticias, pero sí podemos decidir cómo gestionarlos cuando sucedan. Cada conversación, cada decisión, cada gesto cuenta un relato que construye la memoria.  

Toda empresa genera historias. La cuestión es si decide cómo contarla o deja la cuenten  otros por ella. Quizá ese sea el mayor activo que puede tener una marca: conseguir que otros quieran contarla y compartirla. 

Sueña en grande actúa en pequeño.

_______________

Preguntas frecuentes sobre el valor de marca

¿Cuál es la diferencia entre precio y valor?
El precio es una característica del producto o servicio. El valor es lo que la persona percibe, siente y hace suyo.

¿Qué es una marca con historia?
Es la suma de su narrativa, experiencia y reputación: una marca que sabe por qué hace lo que hace y lo demuestra en cada detalle.

¿Cómo se construye el valor de marca?
Con posicionamiento, coherencia repetida en el tiempo, un trato excelente y el discurso de las personas que la conocen.

 

Hay una cosa que hago casi sin darme cuenta cuando entro en un hotel: mirar. No solo la habitación, el desayuno o si todo está en su sitio. Me fijo en cómo me reciben, en los jardines si los hay, en cómo han cuidado el paisaje. Si el edificio es emblemático, cómo está conservado. En definitiva, si hay una narrativa, una historia y forma parte de la experiencia. Porque nadie se enamora de una ficha técnica pero sí de lo que una marca y del valor que representa. 

Me interesa lo que no es evidente, aquello que cuesta un poco más ver, porque ahí suele estar lo verdaderamente importante. Aunque no sepamos qué es exactamente lo aquello que nos embriaga, lo notamos porque nos emociona y no nos deja indiferentes. La vida se refleja en los pequeños detalles.

Hace unos días, en la clausura de una jornada vitivinícola  escuché una frase que me gustó:

“Hay que hablar más de emociones que de fermentaciones. Las personas recuerdan cómo les haces sentir mucho más que los detalles técnicos.”

Pensé que en realidad sirve para casi todo. Podemos explicar durante horas cómo se ha elaborado un vino, qué variedad tiene, cuánto tiempo ha permanecido en barrica o cuál es su procedencia. Podemos enumerar uno a uno sus bondades y argumentos de venta. Sin embargo, hay algo que no aparece en una ficha técnica: lo que sentimos. Es , en el fondo, el valor de la marca. 

Valor de marca: la diferencia entre precio y valor

El valor es complejo, pausado y caprichoso, conlleva el paso del tiempo, la confianza, las experiencias… El valor de la marca es la manera que una marca te ha tratado y lo que representa para cada uno de nosotros. El precio es una cifra, un dato, el coste de producción más el margen de beneficio, un parámetro sin más y sin  romanticismo.

Quizá por eso son tan importante las historias. Porque cuando conocemos los detalles, conocemos su vida y sus milagros. Un vino puede ser una commodity o puede una familia que lleva generaciones trabajando esa tierra. Entonces, su sudor, lágrimas, sus éxitos y sus fracasos, son también los tuyos. 

Y lo mismo un hotel, puede ser un lugar donde dormir, o una casa singular, con historia e identidad propia.

Un producto puede tener muchas características, pero lo que realmente construye el valor de una marca es todo lo que hay detrás de él: su historia, sus decisiones, sus valores y su manera de hacer las cosas. Eso es algo que las marcas deberían entender mejor.

No se trata de inventarse una historia bonita para vender más. Es justo lo contrario: se trata de tener algo que contar. Saber por qué haces lo que haces, qué has aprendido por el camino, qué quieres conservar, qué no harás nunca, qué te importa, qué te hace diferente y qué quieres que las personas sientan o piensen cuando se relacionan con tu marca.

Marca es cómo te sientes cuando la llevas

Una historia puede llevarte hasta una marca, pero es la experiencia con ella la que decide si te quedas.

Las personas olvidarán los datos que les diste, lo que dijiste del producto al comprarlo, pero siempre recordarán cómo se sintieron al hacerlo. Una marca te puede decir que es cercana, pero será la persona que te atiende quien te demostrará si lo es. Puede decir que cuida a sus clientes, pero lo sabrás el día que tengas un problema y veas cómo responde. Te puede hablar de excelencia, pero serán cien pequeños detalles los que la reafirman en silencio. Tu cliente es una persona. 

Por ello, la atención hacia el cliente debe actualizarse y renovarse. La empatía, la capacidad de ponerse en el lugar del otro, es un proceso complejo a nivel emocional e intelectual y sus efectos positivos en relación con el cliente, están ampliamente demostrados.

El éxito es que otros hablen de ti

La reputación es el corazón del valor de la marca, y se construye despacio, paso a paso. En una conversación. En una bienvenida. En una respuesta. En un detalle tan presente como innecesario, pero que ahí está. En esa manera de hacer las cosas que una empresa ha ido construyendo durante años y que, precisamente por ser tan natural, quizá ni siquiera sabe explicar. 

Cuando funciona, el precio deja de ser el  protagonista, si algún día lo fue. Cuando una marca está bien articulada no necesita contarlo ella misma. Lo cuentan sus clientes. Lo cuentan las personas que trabajan allí. Lo cuentan quienes han vivido una experiencia y quieren compartirla.

Las pequeñas acciones repetidas tienen más poder que los grandes esfuerzos aislados. Por eso, la credibilidad de una empresa la construyen las personas que trabajan en ella. Las historias no solo las contamos hacia fuera, también las escribimos hacia dentro, cada día, en nuestras empresas:

  • En cómo recibes a un cliente.
  • En cómo hablas de tu trabajo.
  • En cómo respondes cuando algo sale mal.
  • En cómo tratas a las personas que te rodean.

No se pueden evitar los contratiempos, conflictos o las malas noticias, pero sí podemos decidir cómo gestionarlos cuando sucedan. Cada conversación, cada decisión, cada gesto cuenta un relato que construye la memoria.  

Toda empresa genera historias. La cuestión es si decide cómo contarla o deja la cuenten  otros por ella. Quizá ese sea el mayor activo que puede tener una marca: conseguir que otros quieran contarla y compartirla. 

Sueña en grande actúa en pequeño.

_______________

Preguntas frecuentes sobre el valor de marca

¿Cuál es la diferencia entre precio y valor?
El precio es una característica del producto o servicio. El valor es lo que la persona percibe, siente y hace suyo.

¿Qué es una marca con historia?
Es la suma de su narrativa, experiencia y reputación: una marca que sabe por qué hace lo que hace y lo demuestra en cada detalle.

¿Cómo se construye el valor de marca?
Con posicionamiento, coherencia repetida en el tiempo, un trato excelente y el discurso de las personas que la conocen.

 

¿NECESITAS AYUDA?
Escríbeme por aquí y me pondré en contacto contigo.

Comparte el post:

Post relacionados

Compromiso, comunicación, estrés, gestión del cambio, gestión del tiempo, productividad

«No tengo tiempo»: la excusa que sabotea tu día y 6 estrategias para fulminarla

El problema no es la frase sino lo que hay detrás, casi siempre significa otra cosa: tengo el tiempo ocupado en tareas que no elegí

Acción, Actitud, Cambio, coaching ejecutivo, Compromiso, gestión del tiempo, Inteligencia Emocional, Liderazgo, motivación

¿Jefe o líder? Descubre quién eres realmente a través de 8 preguntas

Todo el mundo hemos tenido jefes a lo largo de la vida laboral, pero ¿cuántos un líder? Los roles de liderazgo son responsables del 70%

Acción, Actitud, Aprendizaje, éxito, motivación

Resiliencia en ventas: cómo convertir el ‘no’ en tu mejor herramienta

En la venta y en la vida, los "noes" no se pueden evitar pero se pueden entrenar. Las técnicas, estrategias, pitch, argumentarios, habilidades de influencia